Mayor preparación, no es sinónimo de alta remuneración: investigador

El 59.9 por ciento de la población económicamente activa ocupada en México sólo ha cubierto el nivel educativo básico, en contraste con el 17.6 por ciento que ha completado el nivel medio superior y el 17.8 por ciento que ha cursado estudios de licenciatura o posgrado, refirió Alejandro Jiménez Márquez, doctor en Educación por la Universidad Autónoma de Aguascalientes, ante estudiantes y catedráticos principalmente del Área Académica de Ciencias de la Educación de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH), durante la conferencia “Educación y empleo en México”.

A pesar de que usualmente el sector poblacional con mayor grado de educación es el que cuenta con niveles más altos de ingreso, el investigador del Instituto de Investigaciones de la Universidad y la Educación de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) acusó que esto no se debe al mayor reconocimiento de sus capacidades que hace el mercado laboral y que se refleja en su remuneración, sino que su estabilidad económica familiar le permite permanecer más tiempo fuera de dicho sector, en espera de encontrar un empleo que satisfaga sus aspiraciones, mientras se sigue preparando profesionalmente.

En contraste, una persona que no tenga un respaldo económico familiar tendrá más urgencia por integrarse el mercado laboral, en aras de su propia supervivencia.

Acerca de la relación entre educación y trabajo, Jiménez Márquez indicó que las primeras aprehensiones teóricas, dirigidas por un racionalismo económico o por una funcionalidad técnica, apuntaban que la educación y la preparación generaban mayor productividad en el individuo, lo cual se reflejaba en salarios más altos. Por ello, complementó, la gente hacía sólidas inversiones en educación.

Sin embargo, estas teorías no alcanzan a explicar todas las ramificaciones y consecuencias de este fenómeno. Una revisión teórica sugiere que otro factor que lleva al individuo a invertir en su educación es la movilidad social, ya que “la formación profesional es el mecanismo principal de movilidad social y, por tanto, de desarrollo económico, tanto para el individuo como para la sociedad”.

Sin embargo, puntualizó, “la educación no sustituye a la experiencia laboral” y su función, según investigaciones posteriores, no es sino la de acreditar y publicitar las capacidades del individuo, lo cual facilitaría su acceso al mercado laboral mejor remunerado, ya que el empleador tendría mayor certeza en cuanto a las habilidades del agente que vaya a ser contratado.

Finalmente, a propósito de las nuevas perspectivas, Alejandro Jiménez, miembro del Sistema Nacional de Investigadores, nivel I, refirió que hay dos conceptos muy utilizados pero débilmente definidos: sobreeducación y subempleo, vagamente referidos al sujeto que, teniendo una formación profesional de alto nivel, laboralmente se desempeña en un puesto que, por sus exigencias y remuneraciones, correspondería ocupar a alguien con una formación menor.

Fuente: http://www.newshidalgo.com.mx/?p=4318